carta a la guerrera interior
¡Oh, guerrera! Ayúdame a ser fuerte, fortalece cada punto de mi ser. Que la confianza y la bravura sean los ejes por donde circule esa paz capaz de mover las ruedas de la alegría y el amor. Dame fuerza para desarrollar las cualidades que aún no poseo
Ayúdame a arrancar todas las espinas de la soberbia y la vanidad de las flores de mi jardín. Enséñame a ser humilde par ser digna de caminar a tu lado.
Enséñame a respirar en paz y tranquilidad, a dar pasos firmes para no caer en la tierra de la irreverencia.
Ayúdame a enfrentarme a las fieras de la ignorancia que se encuentran en la selva virgen de los instintos inferiores y con la espada del amor y el humor convertirlas en aliadas de mi crecimiento.
Enséñame a cantar con fervor los himnos de consagración y tener el cuerpo ágil y resistente para subir las montañas de los temores y percibir que ellas son pequeñas arrugas de experiencia en la piel de la Madre Tierra, a través de las cuales podemos alcanzar una visión más amplia de la vida.
Ayúdame a recordar que todos los días el sol derrama un río de luz que alimenta y renueva las células de mi cuerpo y que bañándome con sus rayos fortifico mi voluntad, mi anhelo de vivir, para así poder caminar en dirección a la eternidad.
Ayúdame a arrancar todas las espinas de la soberbia y la vanidad de las flores de mi jardín. Enséñame a ser humilde par ser digna de caminar a tu lado.
Enséñame a respirar en paz y tranquilidad, a dar pasos firmes para no caer en la tierra de la irreverencia.
Ayúdame a enfrentarme a las fieras de la ignorancia que se encuentran en la selva virgen de los instintos inferiores y con la espada del amor y el humor convertirlas en aliadas de mi crecimiento.
Enséñame a cantar con fervor los himnos de consagración y tener el cuerpo ágil y resistente para subir las montañas de los temores y percibir que ellas son pequeñas arrugas de experiencia en la piel de la Madre Tierra, a través de las cuales podemos alcanzar una visión más amplia de la vida.
Ayúdame a recordar que todos los días el sol derrama un río de luz que alimenta y renueva las células de mi cuerpo y que bañándome con sus rayos fortifico mi voluntad, mi anhelo de vivir, para así poder caminar en dirección a la eternidad.
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